LA INFLUENCIA DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIA EN LA VIVENCIA DE LA MATERNIDAD Y LA PATERNIDAD

28 de Octubre, 2011

La influencia de la Responsabilidad Social Empresaria en la vivencia de la maternidad y la paternidad

La Convención sobre los Derechos del Niño, en su Artículo 18, establece que el Estado debe garantizar “el reconocimiento del principio que ambos padres tienen obligaciones comunes en lo que respecta a la crianza y el desarrollo del niño". En el ámbito laboral, las responsabilidades y los derechos vinculados a la paternidad y la maternidad están afectados por amplias desigualdades.

Durante los últimos veinte años, las mujeres aumentaron su concurrencia al mercado de trabajo: la tasa de participación femenina se incrementó del 43,2% en 1990 al 50,3% en 2000, y alcanza el 51,9% en 2010. Sin embargo, las mujeres aún participan menos que los hombres y, a diferencia de ellos, su trayectoria laboral está condicionada por la llegada de los hijos.

Basta mencionar que cuando hay hijos en el hogar los hombres participan más en el mercado de trabajo, mientras que cuando ellas son madres en muchos casos lo abandonan: participan del mercado laboral -están ocupados o desocupados- el 98,1% de los jefes de hogar o cónyuges que conviven con hijos y el 91,8% de los que no conviven con descendencia. Por el contrario, la participación laboral de las mujeres es muy diferente según tengan o no hijos: están insertas en el ámbito productivo el 79,3% de las mujeres que no tienen hijos y sólo el 59,9% de las madres.
 
En segundo lugar, mientras más hijos viven en el hogar, más amplia es la brecha entre ellas y ellos: participan el 63,8% de las madres de hasta dos hijos, el 54,9% de las que conviven con tres o cuatro hijos, y solo el 42,2% de las que lo hacen con más de cuatro hijos. En contraposición, los varones siempre participan del mercado laboral, cualquiera sea la cantidad de hijos con los que conviven: lo hace el 98,4%, 98%, y 95,6%, respectivamente.
 
Adicionalmente, la contribución económica de las mujeres varía en función de la posición de parentesco que ocupan en el hogar. De hecho, las madres resultan las más desfavorecidas en cuanto a ingresos respecto de sus pares varones, incluso ante otras mujeres que no tienen hijos: las madres ganan en promedio aproximadamente el 70% de lo que ganan las mujeres sin hijos y los hombres que conviven o no con hijos.
 
Las desventajas de las mujeres respecto a los hombres y a su vez de las madres con relación a las mujeres que no tienen hijos en el ámbito laboral, se debe, principalmente, a que las responsabilidades familiares asumidas sobre todo por ellas constituyen un obstáculo importante para su inserción y desarrollo laboral.
 
Y esto es así porque la organización familiar y social no ha logrado adaptarse a la nueva realidad. En efecto, si bien hoy las mujeres comparten con los hombres el tiempo de trabajo remunerado, no se ha generado un proceso de cambio similar en la redistribución de la carga de las tareas domésticas. Pese al mayor involucramiento de los padres en el cuidado de sus hijos, ellas continúan siendo las responsables finales de esas labores.
 
Por otra parte, la estructuración del trabajo de mercado sigue esencialmente diseñada sobre la base del modelo de trabajador ideal: hombres con una sola fuente familiar de ingresos, y con horarios de trabajo que son incompatibles con las necesidades de cuidar a sus hijos u otros familiares y de construir un hogar.
 
Ahora bien, los problemas para compatibilizar las responsabilidades familiares y laborales que sufren principalmente -pero no exclusivamente- las mujeres, tienen consecuencias sobre la salud de todos los trabajadores, siendo las más comunes los mayores riesgos de deterioro de la salud de los padres que trabajan, el mal desempeño en su función parental, tensión psicológica, ansiedad, irritación frecuente, depresión, estrés laboral y diversos problemas psicosomáticos.
 
Estas dificultades individuales también afectan a las empresas. La insatisfacción con el trabajo, el menor desempeño y compromiso con la organización, junto con mayores niveles de absentismo y rotación, pueden ser efectos derivados de las tensiones provocadas en la conciliación de la vida laboral y familiar. Por estas razones, es clave que en el ámbito productivo se tome en cuenta la vida extralaboral de las personas, y se incorpore esta dimensión en el rediseño de los procesos de trabajo y en las políticas de recursos humanos.
 
Una de las vías para contribuir a mejorar esta situación es la implementación de acciones de Responsabilidad Social Empresaria, que incluye la responsabilidad sobre el desarrollo integral de los empleados, tales como: la flexibilidad horaria y laboral –jornada flexible, teletrabajo o media jornada libre al mes-; o la instalación de servicios de cuidado –salas cunas o jardines maternales- en el lugar de trabajo para madres y padres.
 
Sin embargo, es necesario avanzar en medidas de mayor alcance que aún no están contempladas en la legislación laboral privada, pero pueden constituir ejemplos de buenas prácticas a implementar conjuntamente entre las unidades productivas y el Estado. Por una parte, están los permisos o licencias parentales, que comprenden un tiempo del que puede disponer el padre o la madre para cuidar de un recién nacido o un hijo pequeño durante un período que habitualmente sigue al de la licencia de maternidad o de paternidad. Por otra parte, también se pueden otorgar licencias especiales a los trabajadores para el cuidado por enfermedad de hijos, adultos mayores o personas con discapacidad que formen parte de su familia directa.
 
Desde esta perspectiva, la creación de instrumentos nuevos pueden impulsar el cambio social necesario para hacer realidad al menos tres derechos fundamentales: i) posibilitar la inserción y desarrollo laboral de las madres en condiciones de igualdad con sus pares femeninas sin descendencia y con los varones; ii) facilitar la conciliación entre el trabajo y la vida familiar de los trabajadores; y iii) mejorar la calidad de los cuidados que reciben los menores y otros familiares por parte de las madres y los padres.
 
En suma, se trata de contribuir con los cimientos de una sociedad más justa y equitativa, sin duda, uno de los desafíos más importantes que tenemos como Nación.
 
Nota: Desde una mirada normativa complementaria, compartimos con ustedes un documento que presenta un pantallazo sobre las legislaciones vigentes en materia de licencias en América del Sur y las deudas pendientes, elaborado recientemente por CEPAL y UNICEF: Boletín de la infancia y adolescencia sobre el avance de los Objetivos de Desarrollo del Milenio
 
Autor: Carina Lupica, Directora Ejecutiva Fundación Observatorio de la Maternidad
 
 
Fuente: Empresas por la Infancia
 
 

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PARA PENSAR

En el Juzgado de Familia Nº 1 de Posadas se generaron 1.374 causas de denuncia de violencia familiar sólo en el 2010, el 90 % son de mujeres golpeadas por sus concubinos o maridos.

Fuentes oficiales