LA CUMBRE DE LOS PUEBLOS ANTE EL TEMOR DEL FRACASO

21 de Junio, 2012

La Cumbre de los Pueblos ante el temor del fracaso

La conferencia de la ONU Río+20 arrancó ayer en la emblemática ciudad brasileña con una sensación agridulce: la cita es capaz de reunir a la mayoría de Jefes de Estado y primeros ministros del mundo pero todo apunta a que nada decisivo se conseguirá para detener el deterioro medioambiental que padece el planeta. Y todo pese a que el secretario general de la ONU, Ban ki Moon, ha calificado a la Conferencia como “una de las más importantes en la historia”.

(Informe especial para Infolatam por Rogelio Núñez)-. La conferencia de la ONU Río+20 arrancó ayer en la emblemática ciudad brasileña con una sensación agridulce: la cita es capaz de reunir a la mayoría de Jefes de Estado y primeros ministros del mundo pero todo apunta a que nada decisivo se conseguirá para detener el deterioro medioambiental que padece el planeta.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, que acude a esta cita, es uno de los que admite ese ambiente de pesimismo: “hasta ahora, desgraciadamente, no se ha logrado avanzar lo suficiente para garantizar que sea un paso adelante hacia un modelo de desarrollo más sustentable y respetuoso del medio ambiente. No pierdo la esperanza de que en estos últimos días logremos avances significativos que hagan que no sea una frustración”.
 
Tampoco son esperanzadoras las palabras de otros presidentes, en este caso Rafael Correa, colocado en las antípodas ideológicas de Piñera: “no soy optimista, porque todo es cuestión de poder, no es una cuestión técnica”.
 
Y todo pese a que el secretario general de la ONU, Ban ki Moon, ha calificado a la Conferencia como “una de las más importantes en la historia” pues asisten 75.000 personas de 193 países y se han inscrito para hablar 130 jefes de Estado, aunque aún no se han publicado sus nombres.
 
La gran apuesta de Dilma Rousseff
 
El acuerdo parece muy lejano ya que los países desarrollados (Estados Unidos, la UE, Canadá, Japón y Australia) se niegan a firmar compromisos ambientales a largo plazo y a la vez exigen  mayores responsabilidades a las naciones emergentes reunidas en el grupo G−77  (América Latina, África y Asia sin Japón) más China, que aspiran a que se cree un fondo de 30 mil millones de dólares por año para el desarrollo sustentable.
 
Como explica la revista colombiana Semana “los países del norte le apuestan a la economía verde, los del sur temen que se convierta en un chaleco de fuerza para su desarrollo y en una suerte de ‘proteccionismo verde’. El Grupo de los 77 y China, que agrupa a los segundos, piden a las naciones del hemisferio norte cambiar sus patrones de consumo y producción, regulaciones estrictas a la extracción de sus recursos … pues las naciones ricas fueron las que más destruyeron el medio ambiente en su camino al desarrollo, aunque los efectos los padecen con mayor agudeza los países pobres”.
 
El temor a que acabe en fracaso condujo a que el Brasil de Dilma Rousseff, como país anfitrión de la conferencia, asumiera la dirección de las negociaciones ya que menos de 40% del texto final cuenta con consenso: “desarrollo sostenible es eso, son esos tres verbos: crecer, incluir y proteger. Estas tres acciones combinadas no son sólo deseables, son posibles”.
 
La cumbre supone para Dilma Rousseff un espaldarazo a su protagonismo internacional, que hasta ahora viene siendo significativamente menor que el de su precedersor Lula da Silva.
 
“No consideramos que el respeto al medio ambiente se da solo en fase de crecimiento del ciclo económico, es parte intrínseca de la condición de desarrollo”, dijo Rousseff al inaugurar un pabellón temático de Brasil en una exposición paralela a la Río+20.
 
Para Rousseff una economía verde tiene que ir íntimamente unida a la disminución de la pobreza: “elevamos a 40 millones de brasileños a la clase media, sacamos a decenas de millones de la pobreza y reducimos drásticamente la tala en la Amazonía manteniendo el crecimiento económico. Vamos a presentar en Río+20 el modelo de desarrollo brasileño basado en tres ejes: crecer, incluir y proteger”.
 
Las posturas latinoamericanas
 
En esa misma línea van las propuestas de Felipe Calderón. El Presidente de México, a quien la ONU premió en 2011 por su labor en la lucha contra el cambio climático, es un defensor de la “economía verde” como clave para garantizar el futuro de la humanidad y lograr el desarrollo sostenible: “es urgente lanzar políticas públicas masivas para detener el cambio climático y reducir las emisiones de carbono, construyendo una auténtica economía verde”.
 
Otro países latinoamericanos aprovecharán la cita en Río para plantear sus propias proyectos medioambientales. La propuesta que lleva Colombia a cargo de Paula Caballero G.
 
La directora de Asuntos Económicos, Sociales y Ambientales de Colombia, delegada por el país en las negociaciones previas asegura que “ya no es hablar y hablar para no hacer nada, el mundo necesita acciones concretas … se trata de la articulación de lo social y lo económico con el trasfondo de lo ambiental, ‘lo verde’ no se puede concebir como algo alejado de otras dimensiones de la vida”.
 
Los países del ALBA sostendrán la necesidad de cambiar de raíz el modelo económico actual. La jefa de la delegación venezolana, Claudia Salerno ha subrayado que “lo que es necesario en este momento es revisar la causas profundas que están generando la crisis en el planeta. El presidente Hugo Chávez lo dijo en el 2009, en la cumbre de Cambio Climático: no hay que cambiar el clima, lo que hay es que cambiar el sistema que está generando esos efectos climáticos”.
 
Hugo Chávez, que no acudirá a la cita, culpa a “los países llamados desarrollados, los países más poderosos, los países capitalistas, los que más han contaminado (…) se niegan a reconocer y a asumir su responsabilidad para tomar decisiones y frenar el desastre que está en pleno desarrollo”.
 
Venezuela “ha unido voces” junto a los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), China y el G-77 para que “cada quien con su tono, intensidad y estilo” exija, como se hizo en Copenhague, que en el “mundo entero, todos, asumamos este tema con consciencia y responsabilidad”: ”Quien más contamina, tiene que asumir más responsabilidades. No se le pueden exigir las mismas responsabilidades a todos los países por igual”.
 
Por eso,  Venezuela buscará impulsar un espacio para generar un debate sobre los patrones de producción y consumo capitalista y depredador “que son insostenibles para el planeta, que ya no pueden ser vistos como una panacea y un modelo a seguir … allí es necesario un debate político de fondo sobre cuáles son las causas estructurales de esos daños que está resintiendo el planeta. El capitalismo es un modelo que está agotando la capacidad de regeneración de la tierra”.
 
Ecuador llevará ante la Conferencia Río+20 cuatro propuestas: el Buen Vivir como modelo de desarrollo; impulsar una declaración sobre los derechos de la naturaleza; incluir el componente cultural en los temas ambientales; y una nueva arquitectura financiera internacional.
 
Por su parte el boliviano Evo Morales quiere denunciar lo que el opina que es un nuevo “colonialismo”, en este caso medioambiental: “los países desarrollados traen políticas usando algunos hermanos indígenas, o algunos sectores sociales, ONG, fundaciones, para decir no al desarrollo, no a las plantas hidroeléctricas, no al camino, no a la industria. ¿Yo a qué conclusión llego? Aquí está un tema central de fondo que es el nuevo colonialismo ambiental  (…), debemos desarrollarnos respetando los derechos de la Madre Tierra y es un debate permanente con los sectores sociales”.
 
Un problema de escala latinoamericana
 
La pugna medioambiental está de plena actualidad en América latina. En Perú y en Guatemala se multiplican los conflictos contra las explotaciones mineras. El ejecutivo de Ollanta Humala está en jaque por las protestas en Espinar y Cajamarca contra empresas mineras.
 
Humala se ha pronunciado sobre la importancia que tiene para el futuro de la economía nacional conseguir un desarrollo que no se sustente en la actividad minera. Asegura que su gobierno está trabajando en promover una política responsable en el uso de los recursos naturales, en especial de los hídricos, pues en algunos casos la población ha expresado el temor que genera la ejecución de ciertos proyectos mineros, por lo que están trabajando en la construcción de una nueva relación entre el Estado y las mineras.
 
En Chile, el proyecto de HidroAysén, construcción de una hidroeléctrica en el sur del país, desencadenó numerosas protestas el año pasado y en estos momentos se encuentra paralizado.
 
Los indígenas bolivianos protestan y se movilizan contra la construcción de una carretera que afectaría las condiciones medioambientales, Dilma Roussef se ha visto obligada a vetar un ley medioambiental y Rafael Correa ha roto con los movimientos indígenas entre otras cosas por temas medioambientales.
 
Para muchos analistas, los grandes problemas del futuro estarán vinculados con el medio ambiente (acceso al agua, explotaciones mineras e hidráulicas) y América latina no solo no será ajena a estos procesos sino que se convertirá en una gran protagonista.
 
Fuente: Infolatam
 
 

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