GOBERNANZA: LAS RUPTURAS NECESARIAS PARA LA TRANSICIóN

21 de Enero, 2012

Gobernanza: las rupturas necesarias para la transición

En el marco del Foro Social de Porto Alegre, llevado a cabo reciencientemente, Pierre Calame, Presidente de la Fundación Charles Léopold Mayer para el Progreso del Hombre, presentó una serie de propuestas para conseguir la transición hacia un mundo sustentable, vinculando el concepto de gobernanza al de “ruptura”.

 La gobernanza puede definirse como el conjunto de conceptos, representaciones mentales y culturales, instituciones, cuerpos sociales, reglas, diversos dispositivos que contribuyen conjuntamente a la gestión de una comunidad, desde lo local hasta lo mundial. 

En sociedades en plena transformación como la nuestra, es necesario fundar tres pilares: los objetivos comunes que deben perseguirse; la ética adoptada para gestionar las relaciones mutuas; los dispositivos de trabajo implementados en un enfoque de “resolución de problemas”. Lo que confluye en la reflexión sobre la gestión de los problemas complejos, que la gobernanza actual, segmentada, no logra gestionar correctamente.
 
Los sistemas actuales de gobernanza, tanto a nivel nacional como a nivel internacional, se basan en una visión mecanicista del mundo: según los principios presentes en la organización industrial de comienzos del siglo XX, se cree que para gestionar de manera eficaz, es necesario dividir el trabajo en tareas y asignar a una organización especializada cada una ellas: la gobernanza funciona sobre el registro de la separación.
 
Pero cuando un problema se torna complejo, este modo de funcionamiento resulta cada vez más inadecuado: el principio de separación de las competencias se topa con la realidad de los problemas, que no se dejan reducir a esta segmentación de las responsabilidades y las políticas. El sistema se vuelve cada vez más esquizofrénico; las iniciativas de una institución se contradicen con las de las demás.
 
Es más importante, por ejemplo, redefinir las reglas y criterios de la Organización Mundial del Comercio que crear una agencia que se ocupe específicamente del desarrollo sustentable, pero que no dispondrá de medios para cambiar una institución consagrada a la libertad del comercio.
 
Hay cinco principios perfectamente válidos para conducir la transición hacia sociedades sustentables:

1) La legitimidad y el arraigo (es legítima una gobernanza en la cual la mayoría de la población se reconozca y se considere “bien gobernada”);
 
2) La democracia y la ciudadanía (es el hecho de cada uno se sienta realmente parte de la vida y el destino de la ciudad);
 
3) La pertinencia de los dispositivos de gobernanza respecto de los problemas a tratar: “no se puede clavar un tornillo con un martillo ni un clavo con un destornillador”;
 
4) La coproducción del bien público, “no se puede recoger una piedra con un solo dedo”, lo que torna esencial la creación de alianzas entre actores de naturaleza diversa;
 
5) La cooperación entre niveles de gobernanza, también llamada “gobernanza a múltiples niveles”, ya que ningún problema puede tratarse convenientemente a un solo nivel y la idea de otorgar a cada tipo de colectividad competencias exclusivas para evitar que compitan entre sí resulta en general ilusoria.
 
Sin la implementación de manera audaz de estos principios, la transición no será posible.
 
Ahora bien, el primer imperativo de gobernanza es instituir una comunidad, una comunidad consciente de estar unida por valores compartidos, una herencia que haga prosperar un destino común. Sin esta conciencia, el otro no es más que un extranjero cuya suerte sólo conmueve eventualmente por compasión pero sin sentimiento de corresponsabilidad. Es lo que hoy sucede particularmente con la “comunidad mundial”: no nos sentimos verdaderamente responsables unos de otros, no compartimos los mismos valores, no hay mecanismos de gobernanza que hagan que se reúnan verdaderas Asambleas mundiales de ciudadanos, ampliamente mediatizadas para mostrar el diálogo que se establece.
 
Asimismo, la gobernanza a múltiples niveles supone nuevos mecanismos de concertación y cooperación entre niveles de gobernanza. No basta con decidir querer cooperar, debe decirse cómo hacerlo. Si se quieren encontrar las mejores soluciones en una gran diversidad de contextos y con la cooperación de todos los actores, es necesario que se inventen e implementen soluciones en el nivel más “bajo” posible. 
 
Pero  tratando de resolver problemas con la cooperación entre los diferentes niveles: el nivel “superior” debe fijar orientaciones al nivel inferior, sin imponer de arriba hacia abajo (obligaciones de medios), sino mediante principios generales, nacidos de la experiencia colectiva (obligaciones de resultados).
 
En este sentido, el territorio es un nivel privilegiado de gobernanza, ya que es a su nivel que los diferentes problemas que encuentra una sociedad son más fáciles de comprender en su conjunto, y atañen por añadidura a una población concreta, fácilmente identificable. Ello supone territorios decididos a asumir un liderazgo intelectual y político, mostrar los progresos que permite lograr, pasando de mejoras útiles pero marginales, como suele suceder actualmente, a transformaciones estructurales, y negociando sobre dichas bases, con los Estados y la comunidad internacional, los medios para implementarlas.
 
 
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