EL PROCESO POST-2015: LA DESIGUALDAD NO ES LA NUEVA POBREZA

12 de Julio, 2013

El proceso post-2015: La desigualdad no es la nueva pobreza

En este artículo, Alastair Roderick, investigador del Instituto Schumacher, plantea la necesidad de no confundir las metas de los ODM con resultados consumados y, en el post-2015, reconciliar las metas de desarrollo con el significativo cambio medioambiental y el agotamiento de los recursos del planeta, sino corremos el riesgo de retroceder en el camino hacia la reducción de la pobreza.

La comunidad de ayuda internacional sufrió un mal rato en mayo tras la publicación de los informes del Panel de Alto Nivel de las Naciones Unidas reunido en Nueva York. En el marco del debate sobre lo que sucederá con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, los informes indican que la erradicación de la pobreza absoluta (aquellos que viven con menos de $1.25 por día) no va a ser incluida como objetivo pese al fuerte lobby de Inglaterra y otras naciones europeas.
 
Centrar la atención en los mínimos absolutos no es sólo una cuestión moral, sino altamente política. La reducción de la extrema pobreza es el principal logro de los ODM por lo que no poner énfasis en este punto equivale a criticar la idea misma de los marcos de desarrollo en general, y los acuerdos que se generaron en torno a los ODM en particular. Es también indicativo de la visión de mundo de las ONG. Según ésta, el proyecto de sacar a las personas de la pobreza le pertenece a las agencias de ayuda occidentales.
 
Como lo destaqué en otro post, y en la presentación del Schumacher Institute para “Beyond 2015” – el grupo de la sociedad civil que está haciendo lobby en el Panel de Alto Nivel de las Naciones Unidas-, el proceso post-2015 corre el riesgo de aplicar mal las lecciones de los ODM y dejar que la arrogancia se imponga en el análisis.
 
Lamentablemente, la visión de mundo de las ONG considera que los ODM son un proyecto ya concluido cuyos logros no requieren por lo tanto, ser defendidos. Sin embargo, el consenso general en torno a la necesidad de incluir más metas ambientales en el nuevo marco –e incluso de añadir Objetivos de Desarrollo Sustentable – no se ha traducido en propuestas sobre como esto podría lograrse sin arriesgar con ellos los logros ya obtenidos.
 
Investigaciones del Centro de Resilencia de Estocolmo y del proyecto CONVERGE, entre otros, demuestran que el deterioro del medioambiente y las crisis por el uso de los recursos que se advierte para las próximas décadas, probablemente provoquen un aumento de la pobreza en el futuro en lugar de una reducción. Ahora bien, pese al impacto de los shocks ambientales sobre los niveles actuales de pobreza, estos marcos suponen que pueden ir incluso más allá y acabar no sólo con ésta, sino también con la desigualdad.
 
Pese que la necesidad de integrar mejor objetivos ambientales y de desarrollo ha sido un tema importante en las consultas post-2015, los grandes grupos de ayuda internacional rara vez mencionan las importantes barreras que existen para la consecución simultánea de ambos tipos de objetivo.
 
Los ODM funcionaron tan bien porque fueron astutos desde un punto de vista político, y porque se presentó una ventana de oportunidad que, aunque limitada, permitió construir un consenso y evitar con esto desacuerdos en los temas más polémicos. Incluso Estados Unidos suscribió. El nuevo proceso se basa en la suposición que la pobreza puede ser redefinida como desigualdad y que esto está de alguna manera relacionado con la protección del medioambiente, como si esos problemas ocurrieran en compartimientos separados y como si la protección del medioambiente nunca se hubiera interpretado como una limitación para la economía.
 
Save the Children asegura que son dos las pruebas que deben superarse. Primero, “eliminar la pobreza en todas sus formas” y, segundo, “abordar la desigualdad y la discriminación” que conducen a la pobreza, sin mencionar que una forma significativa de la pobreza resulta de la tensión sistémica entre economía y medio ambiente en la que habitan las personas. Describir esto como “desigualdad” es aún menos preciso que describirlo como pobreza.
 
No critico a las agencias de ayuda por sus motivos, pero si cuestiono los resultados. Save the Children ha producido investigación de buena calidad que muestra que la desigualdad de ingresos lleva, por ejemplo, a una peor nutrición para los niños más pobres, a mayores brechas de alfabetización, y a un aumento de los precios, situando los productos básicos fuera de alcance, incluso durante periodos de auge de la economía global.
 
Oxfam, organización que ha invertido mucho en investigación, ha desarrollado el concepto, por cierto útil, de los límites planetarios. Éstos son límites al daño medioambiental que se sustentan en la idea de los “pisos sociales”, estándares mínimos de ingreso y de protección social que requieren de un crecimiento de corto plazo para ser alcanzados.  Esto al menos muestra una cierta tendencia hacia el reconocimiento que desarrollo económico y protección medioambiental son dependientes el uno del otro y que por lo tanto, deben estar conciliados.
 
Pero el éxito puede conducir a la arrogancia, y esto puede oscurecer las lecciones del pasado. Una de las principales razones por las que los ODM fueron un éxito es que fijaron metas concretas, alcanzables y medibles con plazos realistas, y que la información sobre el progreso se encuentra disponible gratuitamente. Los datos publicados sobre los ODM pueden ser encontrados aquí, pero incluso para la meta principal –personas viviendo con menos de un dólar al día- estos datos son fragmentarios e incompletos.
 
El conjunto de datos sobre reducción de la pobreza que se encuentra actualmente a disposición del público data de 2010. Sin embargo, solo unos pocos países informan hasta el año 2010. Algunos países entregan datos de 1995, solo cinco años adicionales respecto del año base de 1990 y anteriores por cinco años al inicio de los ODM. Repito, la reducción de la pobreza absoluta era la medida de oro del cumplimiento de las Metas. Si los datos son débiles incluso para la medición unidimensional del número de personas viviendo con menos de $1 dólar por día, ¿cómo podemos confiar en los datos para un concepto multidimensional como la desigualdad?
 
Es más, del total de personas que ha salido de la pobreza absoluta, una mayoría abrumadora – hasta un 80% en algunas estimaciones- pertenece a los BRIC. Esta reducción de la pobreza no es el resultado de un programa contra la pobreza de Oxfam; esas naciones han crecido en promedio un 6% anual desde el inicio de los ODM a la vez que han experimentado un brusco aumento de la desigualdad. ¿Cuál de estos países podría querer cambiar su estrategia económica de alto crecimiento por una de reducción de la desigualdad?
 
Existe un consenso cada vez más amplio respecto de cómo seguir avanzando con los ODM: seguir adelante con lo que ha funcionado; enfrentar aquello que no (como el acceso a servicios sanitarios); responsabilidades diferenciadas; y nuevos Objetivos de Desarrollo Sustentable como agua limpia, sistemas de alimentación y ecosistemas.
 
Sin embargo, tanto la Organización de las Naciones Unidas como las agencias de ayuda internacional parecen estar omitiendo algunas cosas. El Panel de Alto Nivel se ha aventurado en el campo político al intentar definir pobreza y desigualdad de manera tal que puedan ser abordadas por 190 países. Entre estos, grandes economías, economías de rápido crecimiento como los BRIC, países ricos de Europa y América con economías agonizantes, y países que atraviesan un boom en el precio de la tierra y sus commodities pero que buscan desesperadamente promover nuevas bases industriales.
 
Este estado del mundo celebra el logro del más importante de los ODM, la reducción del número de personas que vive en la pobreza absoluta, sin ser honesto acerca de dónde viven esas personas que antes eran pobres. La reducción de la pobreza ha resultado de las estrategias de exportaciones dirigidas por el Estado y de crecimiento basado en commodities, que poco le deben a Oxfam, ActionAid, y otros.
 
Tampoco son honestos acerca de lo que implicaría políticamente un cambio desde la reducción de la pobreza a la reducción de la desigualdad. Durante los últimos 15 años, la desigualdad ha crecido en cada uno de los BRIC, como siempre lo hace en países que experimentan un rápido crecimiento económico. Por esta razón, enfrentar las negociaciones post-2015 clamando por una reducción de la desigualdad, cuando esas naciones han asegurado el éxito de su estrategia de crecimiento justamente porque han  rechazado el nuevo enfoque de las ONG occidentales sobre la desigualdad, es invitar al fracaso.
 
Existe un peligro real de querer abarcar demasiado en virtud de una visión de mundo que dice que lo que se mide es lo importante, que quienes tienen dinero tienen las respuestas, y que los valores de los donantes son valores universales. Imaginar que la pobreza está en vías de extinción, esta es una perspectiva que conduce a proscribir la desigualdad,  confundiendo una vez más el proceso con el resultado.
 
Mientras debatimos si se puede transitar desde la reducción de la pobreza a la reducción de la desigualdad, pesa sobre el proceso una amenaza real, existencial. A menos que se puedan reconciliar las metas de desarrollo con el significativo cambio medioambiental y el agotamiento de los recursos que se pronostica para las próximas décadas, todo el camino avanzado hasta la fecha se revertirá y la desigualdad parecerá, repentinamente, mucho menos importante que la pobreza absoluta.
 
Dos visiones de mundo chocan, sigue el desorden, y finalmente surge desde las cenizas, algo mejor: la síntesis. Pero después de la síntesis puede venir la arrogancia, y después de la arrogancia, la némesis. El proceso post-2015 está amenazado por la arrogancia al asumir que soluciones técnicas pueden ser implementadas contra problemas como la pobreza e incluso para hacer del mundo un lugar más igualitario. La política está primero. Y estos no son tiempos para la arrogancia.
 
Fuente: Revista Humanum 
 
La versión original de este post fue publicada en inglés por el Huffington Post. La traducción fue realizada por el equipo de Revista Humanum.
 
Foto: psd/www.everystockphoto.com  

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