DE LOS ODM A LOS ODS : LATINOAMéRICA LABORATORIO GLOBAL PARA LA SOSTENIBILIDAD

27 de Noviembre, 2015

De los ODM a los ODS : Latinoamérica laboratorio global para la sostenibilidad

En este artículo de AVINA se analizan los resultados de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y las perspectivas para latinoamérica de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible, un conjunto de metas e indicadores impulsados por Naciones Unidas como punta de la agenda global de desarrollo post 2015.

(28 Septiembre de 2015) En la ciudad de Nueva York, y como seguimiento a la Declaración del Milenio, adoptada en el año 2000, la Organización de Naciones Unidas (ONU) formuló y aprobó los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) con el fin de atender los desafíos más urgentes que enfrentaba el mundo en cuanto a la satisfacción de necesidades básicas, haciendo un llamado a la comunidad internacional para que participara de un proceso coordinado de desarrollo con metas a obtener en el 2015, utilizando como línea de base las estadísticas del año 1990.

Quince años después el último reporte de avance de los ODM revela que los esfuerzos para alcanzar los ocho objetivos establecidos en la Declaración del Milenio produjeron los mejores resultados en disminución de la pobreza de todos los tiempos. Los 189 estados que componen la ONU han demostrado tener la capacidad y voluntad para articular sus iniciativas de desarrollo más allá de sus diferencias culturales y políticas. Sin embargo, el esfuerzo ha sido insuficiente. Los muchos avances no han significado el cumplimiento de todas las metas, y tras 15 años de trabajo hemos aprendido mucho acerca de la complejidad e interconexión de las problemáticas que nos afectan globalmente, y dichos aprendizajes necesitan ser incorporados a los futuros procesos de planificación.

Cumpliéndose 15 años de aquella Cumbre, la ONU se reunió nuevamente en Nueva York para aprobar y lanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una serie nueva y universal de objetivos, metas, e indicadores que se espera que implementen los Estados miembro, para alinear los próximos 15 años de políticas gubernamentales con la agenda de desarrollo más amplia y ambiciosa jamás acordada a nivel global. Los ODS fueron desarrollados a través de un periodo de consulta extensivo e inclusivo con todos los sectores involucrados, de más de tres años.

Desde Rio +20 (2012) la ONU ha convocado decenas de foros virtuales y presenciales para la discusión y concertación de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por su parte, la comunidad global empresarial ha jugado un rol fundamental dentro del proceso de creación de estos objetivos, liderada por la International Chamber of Commerce (ICC).

Esta construcción desde la diversidad -tanto territorial como conceptual- ha significado un enfoque mucho más amplio y a la vez integral de las metas de desarrollo propuestas. El nuevo juego de objetivos contempla temáticas hasta ahora no previstas y convoca como actores principales a quienes hasta el momento eran considerados parte del público o del escenario.

El Impacto de los Objetivos del Milenio

Para establecer la línea de base de los ODS es necesario situarse en el estado actual y los resultados generales de los ODM. Para ello proponemos la lectura del reporte “América Latina y el Caribe: una mirada al futuro desde los Objetivos de Desarrollo del Milenio: informe regional de monitoreo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en América Latina y el Caribe, 2015” recientemente lanzado por CEPAL.

Atendiendo a que el mentado informe es considerablemente extenso y rico en datos (y que los ODM no son el objetivo de este artículo) nos concentraremos solamente es comentar los principales avances y estancamientos de nuestra región.

Avances destacados:

  • Pobreza extrema: Según la CEPAL, la región ha conseguido superar ampliamente esta meta. Los latinoamericanos conseguimos reducir la pobreza extrema de un 12,6% en 1990 a tan solo el 4,6% en 2011.
  • Hambre: En 2014 se consiguió reducir al 50% el porcentaje de personas con hambre en la región. Existen no obstante 7,5 millones de niños y niñas menores de 5 años con desnutrición crónica.
  • Muertes infantiles: Durante el periodo considerado, la cifra de muertes infantiles se redujo en dos tercios, pasando de 54 niños menores de 5 años fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos en 1990 a 18 en 2013.
  • Tratamiento del VIH/SIDA: Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), América Latina y el Caribe es líder mundial en la provisión y expansión del tratamiento antirretroviral y todos los países de la región ofrecen servicios gratuitos para la atención y el tratamiento del VIH, financiados por fondos nacionales e internacionales.

Estancamientos y Retrocesos de la Región:

  • Sostenibilidad del medioambiente: En los últimos años, la región ha logrado avances en relación al establecimiento de legislaciones e instituciones ambientales. Sin embargo, en muchos casos los efectos de la política ambiental han sido anulados por los de las políticas industriales, de desarrollo urbano, energéticas y de desarrollo de infraestructura. En este sentido, la economía latinoamericana ha sufrido una fuerte carbonización, y aunque la contribución total de emisiones de CO2 de la región es comparativamente baja, si consideramos la distribución per cápita se está muy por encima de la media mundial (7,6 ton per cápita vs. 6,6 ton per cápita). Si a esto sumamos que somos la región con el mayor porcentaje de deforestación en las dos últimas décadas (reducción del 9% de la superficie de bosques) podemos ver que el resultado de esta meta está lejos de lograrse.
  • Tasa de mortalidad materna: En 2013 América Latina y el Caribe en su conjunto registraba un nivel de mortalidad materna de 85 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, lo que equivale a una reducción del 39% de los niveles de 1990, muy lejos del 75% propuesto.
  • Enseñanza primaria universal: Solo el 93% de los niños y niñas latinoamericanos inician sus estudios primarios y solo el 73% comienza los estudios secundarios, por lo que esta meta aún se encuentra muy lejos de ser cumplida.
  • Acceso a empleo: Si bien se ha alcanzado el pleno empleo, persisten niveles muy altos de empleo informal (46% de la población económicamente activa -PEA- para 2013) y lo que es peor: el empleo no genera condiciones de bienestar mínimas. El 10% de las personas empleadas viven en hogares en situación de indigencia.
  • Género: En el ámbito educativo se han producido avances importantes respecto a la igualdad de género, alcanzándose proporciones superiores a 1 en el Índice de paridad para la educación secundaria (1,07) y terciaria (1,29). No así para la educación primaria, donde el indicador es de 0,97 niñas por cada niño. Con todo, se trata de un progreso sustancial. Sin embargo, donde esta equiparación no se refleja es en el acceso a oportunidades laborales. El mercado laboral sigue teniendo barreras de segmentación ocupacional para las mujeres y la brecha de remuneración continúa siendo importante: en promedio una mujer gana 87 dólares por cada 100 dólares que gana un hombre haciendo el mismo trabajo. Las políticas públicas de protección de sus derechos no han conseguido mejorar sus condiciones de trabajo ni sus niveles de protección social y la violencia contra la mujer -en todas sus formas- sigue siendo una constante en la mayoría de los países latinoamericanos.
  • Desigualdad: Finalmente, la gran materia pendiente de la región -la desigualdad- si bien se redujo considerablemente en la última década (cerca de un 10%) continúa siendo la más alta del mundo: 0,486 en el coeficiente de Gini.

Los resultados positivos representan un gran paso hacia adelante que no se contrarresta por el escaso éxito que se ha logrado en otras metas. Pero nos demuestra que la complejidad del desafío obliga a aceptar su complejidad para poder encararlo de manera integral y sistémica.

De los Objetivos del Milenio (ODM) a los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS)

Los ODM no estuvieron exentos de crítica antes y durante su vigencia. Fueron duramente cuestionados por haber sido diseñados desde los países más desarrollados con foco en las necesidades de los países en vías de desarrollo, pero sin tomar en consideración sus opiniones, y sin incluir metas -como las relacionadas al combate del Cambio Climático- orientadas a resolver las problemáticas surgidas de un desarrollo económico que no respeta los límites planetarios.

Los ODM proveyeron –a comienzos del milenio- un marco de referencia para enfrentar los desafíos sociales más urgentes del mundo, enfocándose prioritariamente en cubrir las necesidades humanas más básicas. La agenda post 2015 (representada por los ODS) además de continuar los esfuerzos por eliminar la pobreza tendrá que lidiar con otros desafíos buscando impulsar cambios sistémicos a nivel global, como el desarrollo de un nuevo modelo económico sustentable, generación de empleo, reducción de la desigualdad e innovación con sentido para el uso más eficiente y consciente de los recursos naturales.

Los ODM también fueron cuestionados por tener un limitado efecto sobre algunas problemáticas debido a que fueron mal planteadas como parte de las metas. Temas como género y desigualdad fueron contemplados desde perspectivas excesivamente simples que -como en el caso de la equidad de género- hicieron que el alcance las metas propuestas no significara una resolución de la problemática.

Otra crítica fue la poca preponderancia que se otorgó a la sociedad civil y el empresariado como actores para apoyar en el alcance de las metas. Indudablemente el foco de los ODM estuvo puesto en las políticas públicas de los Estados, relegando a los demás actores a papeles de apoyo y sinergia. Esto, sin embargo, no impidió que en muchos países los sectores distintos al gobierno tuvieran mucho que ver con el alcance de las metas. Muchos de los avances alcanzados se pueden atribuir -al menos en parte- al trabajo coordinado de la ciudadanía activa y a las prácticas de responsabilidad social de un sector empresarial cada vez más comprometido con la sostenibilidad a largo plazo.

No tenemos duda de que la responsabilidad para impulsar los cambios sistémicos necesarios debe ser compartida por los tres sectores de la sociedad. El sector privado –por su fuerza económica y de innovación- deberá asumir un papel relevante, teniendo una oportunidad ideal para colocar parte de sus activos a disposición de articulaciones y acciones que favorezcan el cumplimiento de los ODS. Ir más allá de la filantropía e integrar la perspectiva del desarrollo sostenible en las propias actividades y en la estrategia de acción y posicionamiento ya no será una cuestión de marketing sino la garantía de supervivencia de la empresa en el futuro.

El sector privado debe convertirse en el principal protagonista en el marco de los ODS para instalar una nueva economía basada en una responsabilidad ética y apegada a los derechos humanos. De esta manera despejará una de las grandes críticas que se le formulan a los ODS: haber abierto la puerta al sector privado sin que existan mecanismos claros de rendición de cuentas y monitoreo para evaluar su aporte concreto.

Del mismo modo, la sociedad civil –en su rol de legitimador social y promotor de la innovación política- tiene un papel incuestionable en la agenda post 2015, velando para que el cumplimiento de las metas se produzca desde la plena vigencia de los derechos humanos, y haciendo de contralor del proceso para que las problemáticas combatidas por los ODS no desaparezcan a expensas de la aparición de nuevos y más complejos problemas.

Fundación Avina alinea sus impactos a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de ONU

Desde 1994, cuando la Fundación Avina vinculó su misión al desarrollo sostenible, se vienen impulsando transformaciones que encuadran en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) definidos por Naciones Unidas.

A lo largo de más de 20 años, Fundación Avina y cinco mil aliados han logrado transformaciones en mejorar la calidad de vida de millones de personas en 21 países de Latinoamérica.

Esos impactos alcanzados promoviendo procesos colaborativos en la región permitieron desarrollar las siguientes capacidades: capilaridad basada en la presencia territorial en casi toda América Latina, lo que permite aplicar los objetivos y metas en los planos nacionales, estaduales y locales; innovación en la promoción de procesos colaborativos que reúnen estrategias innovadoras en lo social, en lo tecnológico y en la economía; y articulación de los diversos referentes y protagonistas de los ámbitos público y privado para que juntos agreguen valor a la sostenibilidad de América Latina, tal cual aspira ONU al definir los 17 ODS.

Alinear el impacto de la Fundación Avina a los ODS permitirá enriquecer los procesos de implementación de las metas desde las siguientes iniciativas:

  • Valor agregado: acompañar de manera integrada procesos colaborativos que sirvan para aplicar las metas de los ODS en Latinoamérica y para que los aprendizajes puedan escalarse a nivel global.
  • Información y asesoría técnica: apoyar la conformación de una plataforma Latinoamericana para el intercambio de experiencias, registro de buenas prácticas e intercambio de experiencias innovadoras relacionadas a la implementación de los 17 ODS.
  • Monitoreo y evaluación: promover la constitución de un Observatorio de accountability de los ODS para el diálogo global.

Estamos convencidos de que en Latinoamérica la participación de la Fundación Avina puede ayudar a convertir a los ODS en una plataforma regional de alcance global de colaboración que promueva sinergias y mejoras en los indicadores socio-ambientales, disminuyendo las brechas de equidad y aumentando las oportunidades para las generaciones actuales y futuras.

Fuentes

 

En la ciudad de Nueva York, y como seguimiento a la Declaración del Milenio, adoptada en el año 2000, la Organización de Naciones Unidas (ONU) formuló y aprobó los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) con el fin de atender los desafíos más urgentes que enfrentaba el mundo en cuanto a la satisfacción de necesidades básicas, haciendo un llamado a la comunidad internacional para que participara de un proceso coordinado de desarrollo con metas a obtener en el 2015, utilizando como línea de base las estadísticas del año 1990.

Quince años después el último reporte de avance de los ODM revela que los esfuerzos para alcanzar los ocho objetivos establecidos en la Declaración del Milenio produjeron los mejores resultados en disminución de la pobreza de todos los tiempos. Los 189 estados que componen la ONU han demostrado tener la capacidad y voluntad para articular sus iniciativas de desarrollo más allá de sus diferencias culturales y políticas. Sin embargo, el esfuerzo ha sido insuficiente. Los muchos avances no han significado el cumplimiento de todas las metas, y tras 15 años de trabajo hemos aprendido mucho acerca de la complejidad e interconexión de las problemáticas que nos afectan globalmente, y dichos aprendizajes necesitan ser incorporados a los futuros procesos de planificación.

Cumpliéndose 15 años de aquella Cumbre, la ONU se reunió nuevamente en Nueva York para aprobar y lanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una serie nueva y universal de objetivos, metas, e indicadores que se espera que implementen los Estados miembro, para alinear los próximos 15 años de políticas gubernamentales con la agenda de desarrollo más amplia y ambiciosa jamás acordada a nivel global. Los ODS fueron desarrollados a través de un periodo de consulta extensivo e inclusivo con todos los sectores involucrados, de más de tres años.

Desde Rio +20 (2012) la ONU ha convocado decenas de foros virtuales y presenciales para la discusión y concertación de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por su parte, la comunidad global empresarial ha jugado un rol fundamental dentro del proceso de creación de estos objetivos, liderada por la International Chamber of Commerce (ICC).

Esta construcción desde la diversidad -tanto territorial como conceptual- ha significado un enfoque mucho más amplio y a la vez integral de las metas de desarrollo propuestas. El nuevo juego de objetivos contempla temáticas hasta ahora no previstas y convoca como actores principales a quienes hasta el momento eran considerados parte del público o del escenario.

El Impacto de los Objetivos del Milenio

Para establecer la línea de base de los ODS es necesario situarse en el estado actual y los resultados generales de los ODM. Para ello proponemos la lectura del reporte “América Latina y el Caribe: una mirada al futuro desde los Objetivos de Desarrollo del Milenio: informe regional de monitoreo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en América Latina y el Caribe, 2015” recientemente lanzado por CEPAL.

Atendiendo a que el mentado informe es considerablemente extenso y rico en datos (y que los ODM no son el objetivo de este artículo) nos concentraremos solamente es comentar los principales avances y estancamientos de nuestra región.

POBEXT

Avances destacados:

  • Pobreza extrema: Según la CEPAL, la región ha conseguido superar ampliamente esta meta. Los latinoamericanos conseguimos reducir la pobreza extrema de un 12,6% en 1990 a tan solo el 4,6% en 2011.
  • Hambre: En 2014 se consiguió reducir al 50% el porcentaje de personas con hambre en la región. Existen no obstante 7,5 millones de niños y niñas menores de 5 años con desnutrición crónica.
  • Muertes infantiles: Durante el periodo considerado, la cifra de muertes infantiles se redujo en dos tercios, pasando de 54 niños menores de 5 años fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos en 1990 a 18 en 2013.
  • Tratamiento del VIH/SIDA: Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), América Latina y el Caribe es líder mundial en la provisión y expansión del tratamiento antirretroviral y todos los países de la región ofrecen servicios gratuitos para la atención y el tratamiento del VIH, financiados por fondos nacionales e internacionales.

Estancamientos y Retrocesos de la Región:

  • Sostenibilidad del medioambiente: En los últimos años, la región ha logrado avances en relación al establecimiento de legislaciones e instituciones ambientales. Sin embargo, en muchos casos los efectos de la política ambiental han sido anulados por los de las políticas industriales, de desarrollo urbano, energéticas y de desarrollo de infraestructura. En este sentido, la economía latinoamericana ha sufrido una fuerte carbonización, y aunque la contribución total de emisiones de CO2 de la región es comparativamente baja, si consideramos la distribución per cápita se está muy por encima de la media mundial (7,6 ton per cápita vs. 6,6 ton per cápita). Si a esto sumamos que somos la región con el mayor porcentaje de deforestación en las dos últimas décadas (reducción del 9% de la superficie de bosques) podemos ver que el resultado de esta meta está lejos de lograrse.
  • Tasa de mortalidad materna: En 2013 América Latina y el Caribe en su conjunto registraba un nivel de mortalidad materna de 85 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, lo que equivale a una reducción del 39% de los niveles de 1990, muy lejos del 75% propuesto.
  • Enseñanza primaria universal: Solo el 93% de los niños y niñas latinoamericanos inician sus estudios primarios y solo el 73% comienza los estudios secundarios, por lo que esta meta aún se encuentra muy lejos de ser cumplida.
  • Acceso a empleo: Si bien se ha alcanzado el pleno empleo, persisten niveles muy altos de empleo informal (46% de la población económicamente activa -PEA- para 2013) y lo que es peor: el empleo no genera condiciones de bienestar mínimas. El 10% de las personas empleadas viven en hogares en situación de indigencia.
  • Género: En el ámbito educativo se han producido avances importantes respecto a la igualdad de género, alcanzándose proporciones superiores a 1 en el Índice de paridad para la educación secundaria (1,07) y terciaria (1,29). No así para la educación primaria, donde el indicador es de 0,97 niñas por cada niño. Con todo, se trata de un progreso sustancial. Sin embargo, donde esta equiparación no se refleja es en el acceso a oportunidades laborales. El mercado laboral sigue teniendo barreras de segmentación ocupacional para las mujeres y la brecha de remuneración continúa siendo importante: en promedio una mujer gana 87 dólares por cada 100 dólares que gana un hombre haciendo el mismo trabajo. Las políticas públicas de protección de sus derechos no han conseguido mejorar sus condiciones de trabajo ni sus niveles de protección social y la violencia contra la mujer -en todas sus formas- sigue siendo una constante en la mayoría de los países latinoamericanos.
  • Desigualdad: Finalmente, la gran materia pendiente de la región -la desigualdad- si bien se redujo considerablemente en la última década (cerca de un 10%) continúa siendo la más alta del mundo: 0,486 en el coeficiente de Gini.

MEDAM

Los resultados positivos representan un gran paso hacia adelante que no se contrarresta por el escaso éxito que se ha logrado en otras metas. Pero nos demuestra que la complejidad del desafío obliga a aceptar su complejidad para poder encararlo de manera integral y sistémica.

De los Objetivos del Milenio (ODM) a los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS)

Los ODM no estuvieron exentos de crítica antes y durante su vigencia. Fueron duramente cuestionados por haber sido diseñados desde los países más desarrollados con foco en las necesidades de los países en vías de desarrollo, pero sin tomar en consideración sus opiniones, y sin incluir metas -como las relacionadas al combate del Cambio Climático- orientadas a resolver las problemáticas surgidas de un desarrollo económico que no respeta los límites planetarios.

Los ODM proveyeron –a comienzos del milenio- un marco de referencia para enfrentar los desafíos sociales más urgentes del mundo, enfocándose prioritariamente en cubrir las necesidades humanas más básicas. La agenda post 2015 (representada por los ODS) además de continuar los esfuerzos por eliminar la pobreza tendrá que lidiar con otros desafíos buscando impulsar cambios sistémicos a nivel global, como el desarrollo de un nuevo modelo económico sustentable, generación de empleo, reducción de la desigualdad e innovación con sentido para el uso más eficiente y consciente de los recursos naturales.

Los ODM también fueron cuestionados por tener un limitado efecto sobre algunas problemáticas debido a que fueron mal planteadas como parte de las metas. Temas como género y desigualdad fueron contemplados desde perspectivas excesivamente simples que -como en el caso de la equidad de género- hicieron que el alcance las metas propuestas no significara una resolución de la problemática.

Otra crítica fue la poca preponderancia que se otorgó a la sociedad civil y el empresariado como actores para apoyar en el alcance de las metas. Indudablemente el foco de los ODM estuvo puesto en las políticas públicas de los Estados, relegando a los demás actores a papeles de apoyo y sinergia. Esto, sin embargo, no impidió que en muchos países los sectores distintos al gobierno tuvieran mucho que ver con el alcance de las metas. Muchos de los avances alcanzados se pueden atribuir -al menos en parte- al trabajo coordinado de la ciudadanía activa y a las prácticas de responsabilidad social de un sector empresarial cada vez más comprometido con la sostenibilidad a largo plazo.

No tenemos duda de que la responsabilidad para impulsar los cambios sistémicos necesarios debe ser compartida por los tres sectores de la sociedad. El sector privado –por su fuerza económica y de innovación- deberá asumir un papel relevante, teniendo una oportunidad ideal para colocar parte de sus activos a disposición de articulaciones y acciones que favorezcan el cumplimiento de los ODS. Ir más allá de la filantropía e integrar la perspectiva del desarrollo sostenible en las propias actividades y en la estrategia de acción y posicionamiento ya no será una cuestión de marketing sino la garantía de supervivencia de la empresa en el futuro.

El sector privado debe convertirse en el principal protagonista en el marco de los ODS para instalar una nueva economía basada en una responsabilidad ética y apegada a los derechos humanos. De esta manera despejará una de las grandes críticas que se le formulan a los ODS: haber abierto la puerta al sector privado sin que existan mecanismos claros de rendición de cuentas y monitoreo para evaluar su aporte concreto.

Del mismo modo, la sociedad civil –en su rol de legitimador social y promotor de la innovación política- tiene un papel incuestionable en la agenda post 2015, velando para que el cumplimiento de las metas se produzca desde la plena vigencia de los derechos humanos, y haciendo de contralor del proceso para que las problemáticas combatidas por los ODS no desaparezcan a expensas de la aparición de nuevos y más complejos problemas.

Fundación Avina alinea sus impactos a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de ONU

Desde 1994, cuando la Fundación Avina vinculó su misión al desarrollo sostenible, se vienen impulsando transformaciones que encuadran en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) definidos por Naciones Unidas.

A lo largo de más de 20 años, Fundación Avina y cinco mil aliados han logrado transformaciones en mejorar la calidad de vida de millones de personas en 21 países de Latinoamérica.

Esos impactos alcanzados promoviendo procesos colaborativos en la región permitieron desarrollar las siguientes capacidades: capilaridad basada en la presencia territorial en casi toda América Latina, lo que permite aplicar los objetivos y metas en los planos nacionales, estaduales y locales; innovación en la promoción de procesos colaborativos que reúnen estrategias innovadoras en lo social, en lo tecnológico y en la economía; y articulación de los diversos referentes y protagonistas de los ámbitos público y privado para que juntos agreguen valor a la sostenibilidad de América Latina, tal cual aspira ONU al definir los 17 ODS.

Alinear el impacto de la Fundación Avina a los ODS permitirá enriquecer los procesos de implementación de las metas desde las siguientes iniciativas:

  • Valor agregado: acompañar de manera integrada procesos colaborativos que sirvan para aplicar las metas de los ODS en Latinoamérica y para que los aprendizajes puedan escalarse a nivel global.
  • Información y asesoría técnica: apoyar la conformación de una plataforma Latinoamericana para el intercambio de experiencias, registro de buenas prácticas e intercambio de experiencias innovadoras relacionadas a la implementación de los 17 ODS.
  • Monitoreo y evaluación: promover la constitución de un Observatorio de accountability de los ODS para el diálogo global.

Estamos convencidos de que en Latinoamérica la participación de la Fundación Avina puede ayudar a convertir a los ODS en una plataforma regional de alcance global de colaboración que promueva sinergias y mejoras en los indicadores socio-ambientales, disminuyendo las brechas de equidad y aumentando las oportunidades para las generaciones actuales y futuras.

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En la ciudad de Nueva York, y como seguimiento a la Declaración del Milenio, adoptada en el año 2000, la Organización de Naciones Unidas (ONU) formuló y aprobó los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) con el fin de atender los desafíos más urgentes que enfrentaba el mundo en cuanto a la satisfacción de necesidades básicas, haciendo un llamado a la comunidad internacional para que participara de un proceso coordinado de desarrollo con metas a obtener en el 2015, utilizando como línea de base las estadísticas del año 1990.

Quince años después el último reporte de avance de los ODM revela que los esfuerzos para alcanzar los ocho objetivos establecidos en la Declaración del Milenio produjeron los mejores resultados en disminución de la pobreza de todos los tiempos. Los 189 estados que componen la ONU han demostrado tener la capacidad y voluntad para articular sus iniciativas de desarrollo más allá de sus diferencias culturales y políticas. Sin embargo, el esfuerzo ha sido insuficiente. Los muchos avances no han significado el cumplimiento de todas las metas, y tras 15 años de trabajo hemos aprendido mucho acerca de la complejidad e interconexión de las problemáticas que nos afectan globalmente, y dichos aprendizajes necesitan ser incorporados a los futuros procesos de planificación.

Cumpliéndose 15 años de aquella Cumbre, la ONU se reunió nuevamente en Nueva York para aprobar y lanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una serie nueva y universal de objetivos, metas, e indicadores que se espera que implementen los Estados miembro, para alinear los próximos 15 años de políticas gubernamentales con la agenda de desarrollo más amplia y ambiciosa jamás acordada a nivel global. Los ODS fueron desarrollados a través de un periodo de consulta extensivo e inclusivo con todos los sectores involucrados, de más de tres años.

Desde Rio +20 (2012) la ONU ha convocado decenas de foros virtuales y presenciales para la discusión y concertación de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por su parte, la comunidad global empresarial ha jugado un rol fundamental dentro del proceso de creación de estos objetivos, liderada por la International Chamber of Commerce (ICC).

Esta construcción desde la diversidad -tanto territorial como conceptual- ha significado un enfoque mucho más amplio y a la vez integral de las metas de desarrollo propuestas. El nuevo juego de objetivos contempla temáticas hasta ahora no previstas y convoca como actores principales a quienes hasta el momento eran considerados parte del público o del escenario.

El Impacto de los Objetivos del Milenio

Para establecer la línea de base de los ODS es necesario situarse en el estado actual y los resultados generales de los ODM. Para ello proponemos la lectura del reporte “América Latina y el Caribe: una mirada al futuro desde los Objetivos de Desarrollo del Milenio: informe regional de monitoreo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en América Latina y el Caribe, 2015” recientemente lanzado por CEPAL.

Atendiendo a que el mentado informe es considerablemente extenso y rico en datos (y que los ODM no son el objetivo de este artículo) nos concentraremos solamente es comentar los principales avances y estancamientos de nuestra región.

POBEXT

Avances destacados:

  • Pobreza extrema: Según la CEPAL, la región ha conseguido superar ampliamente esta meta. Los latinoamericanos conseguimos reducir la pobreza extrema de un 12,6% en 1990 a tan solo el 4,6% en 2011.
  • Hambre: En 2014 se consiguió reducir al 50% el porcentaje de personas con hambre en la región. Existen no obstante 7,5 millones de niños y niñas menores de 5 años con desnutrición crónica.
  • Muertes infantiles: Durante el periodo considerado, la cifra de muertes infantiles se redujo en dos tercios, pasando de 54 niños menores de 5 años fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos en 1990 a 18 en 2013.
  • Tratamiento del VIH/SIDA: Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), América Latina y el Caribe es líder mundial en la provisión y expansión del tratamiento antirretroviral y todos los países de la región ofrecen servicios gratuitos para la atención y el tratamiento del VIH, financiados por fondos nacionales e internacionales.

Estancamientos y Retrocesos de la Región:

  • Sostenibilidad del medioambiente: En los últimos años, la región ha logrado avances en relación al establecimiento de legislaciones e instituciones ambientales. Sin embargo, en muchos casos los efectos de la política ambiental han sido anulados por los de las políticas industriales, de desarrollo urbano, energéticas y de desarrollo de infraestructura. En este sentido, la economía latinoamericana ha sufrido una fuerte carbonización, y aunque la contribución total de emisiones de CO2 de la región es comparativamente baja, si consideramos la distribución per cápita se está muy por encima de la media mundial (7,6 ton per cápita vs. 6,6 ton per cápita). Si a esto sumamos que somos la región con el mayor porcentaje de deforestación en las dos últimas décadas (reducción del 9% de la superficie de bosques) podemos ver que el resultado de esta meta está lejos de lograrse.
  • Tasa de mortalidad materna: En 2013 América Latina y el Caribe en su conjunto registraba un nivel de mortalidad materna de 85 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, lo que equivale a una reducción del 39% de los niveles de 1990, muy lejos del 75% propuesto.
  • Enseñanza primaria universal: Solo el 93% de los niños y niñas latinoamericanos inician sus estudios primarios y solo el 73% comienza los estudios secundarios, por lo que esta meta aún se encuentra muy lejos de ser cumplida.
  • Acceso a empleo: Si bien se ha alcanzado el pleno empleo, persisten niveles muy altos de empleo informal (46% de la población económicamente activa -PEA- para 2013) y lo que es peor: el empleo no genera condiciones de bienestar mínimas. El 10% de las personas empleadas viven en hogares en situación de indigencia.
  • Género: En el ámbito educativo se han producido avances importantes respecto a la igualdad de género, alcanzándose proporciones superiores a 1 en el Índice de paridad para la educación secundaria (1,07) y terciaria (1,29). No así para la educación primaria, donde el indicador es de 0,97 niñas por cada niño. Con todo, se trata de un progreso sustancial. Sin embargo, donde esta equiparación no se refleja es en el acceso a oportunidades laborales. El mercado laboral sigue teniendo barreras de segmentación ocupacional para las mujeres y la brecha de remuneración continúa siendo importante: en promedio una mujer gana 87 dólares por cada 100 dólares que gana un hombre haciendo el mismo trabajo. Las políticas públicas de protección de sus derechos no han conseguido mejorar sus condiciones de trabajo ni sus niveles de protección social y la violencia contra la mujer -en todas sus formas- sigue siendo una constante en la mayoría de los países latinoamericanos.
  • Desigualdad: Finalmente, la gran materia pendiente de la región -la desigualdad- si bien se redujo considerablemente en la última década (cerca de un 10%) continúa siendo la más alta del mundo: 0,486 en el coeficiente de Gini.

MEDAM

Los resultados positivos representan un gran paso hacia adelante que no se contrarresta por el escaso éxito que se ha logrado en otras metas. Pero nos demuestra que la complejidad del desafío obliga a aceptar su complejidad para poder encararlo de manera integral y sistémica.

De los Objetivos del Milenio (ODM) a los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS)

Los ODM no estuvieron exentos de crítica antes y durante su vigencia. Fueron duramente cuestionados por haber sido diseñados desde los países más desarrollados con foco en las necesidades de los países en vías de desarrollo, pero sin tomar en consideración sus opiniones, y sin incluir metas -como las relacionadas al combate del Cambio Climático- orientadas a resolver las problemáticas surgidas de un desarrollo económico que no respeta los límites planetarios.

Los ODM proveyeron –a comienzos del milenio- un marco de referencia para enfrentar los desafíos sociales más urgentes del mundo, enfocándose prioritariamente en cubrir las necesidades humanas más básicas. La agenda post 2015 (representada por los ODS) además de continuar los esfuerzos por eliminar la pobreza tendrá que lidiar con otros desafíos buscando impulsar cambios sistémicos a nivel global, como el desarrollo de un nuevo modelo económico sustentable, generación de empleo, reducción de la desigualdad e innovación con sentido para el uso más eficiente y consciente de los recursos naturales.

Los ODM también fueron cuestionados por tener un limitado efecto sobre algunas problemáticas debido a que fueron mal planteadas como parte de las metas. Temas como género y desigualdad fueron contemplados desde perspectivas excesivamente simples que -como en el caso de la equidad de género- hicieron que el alcance las metas propuestas no significara una resolución de la problemática.

Otra crítica fue la poca preponderancia que se otorgó a la sociedad civil y el empresariado como actores para apoyar en el alcance de las metas. Indudablemente el foco de los ODM estuvo puesto en las políticas públicas de los Estados, relegando a los demás actores a papeles de apoyo y sinergia. Esto, sin embargo, no impidió que en muchos países los sectores distintos al gobierno tuvieran mucho que ver con el alcance de las metas. Muchos de los avances alcanzados se pueden atribuir -al menos en parte- al trabajo coordinado de la ciudadanía activa y a las prácticas de responsabilidad social de un sector empresarial cada vez más comprometido con la sostenibilidad a largo plazo.

No tenemos duda de que la responsabilidad para impulsar los cambios sistémicos necesarios debe ser compartida por los tres sectores de la sociedad. El sector privado –por su fuerza económica y de innovación- deberá asumir un papel relevante, teniendo una oportunidad ideal para colocar parte de sus activos a disposición de articulaciones y acciones que favorezcan el cumplimiento de los ODS. Ir más allá de la filantropía e integrar la perspectiva del desarrollo sostenible en las propias actividades y en la estrategia de acción y posicionamiento ya no será una cuestión de marketing sino la garantía de supervivencia de la empresa en el futuro.

El sector privado debe convertirse en el principal protagonista en el marco de los ODS para instalar una nueva economía basada en una responsabilidad ética y apegada a los derechos humanos. De esta manera despejará una de las grandes críticas que se le formulan a los ODS: haber abierto la puerta al sector privado sin que existan mecanismos claros de rendición de cuentas y monitoreo para evaluar su aporte concreto.

Del mismo modo, la sociedad civil –en su rol de legitimador social y promotor de la innovación política- tiene un papel incuestionable en la agenda post 2015, velando para que el cumplimiento de las metas se produzca desde la plena vigencia de los derechos humanos, y haciendo de contralor del proceso para que las problemáticas combatidas por los ODS no desaparezcan a expensas de la aparición de nuevos y más complejos problemas.

Fundación Avina alinea sus impactos a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de ONU

Desde 1994, cuando la Fundación Avina vinculó su misión al desarrollo sostenible, se vienen impulsando transformaciones que encuadran en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) definidos por Naciones Unidas.

A lo largo de más de 20 años, Fundación Avina y cinco mil aliados han logrado transformaciones en mejorar la calidad de vida de millones de personas en 21 países de Latinoamérica.

Esos impactos alcanzados promoviendo procesos colaborativos en la región permitieron desarrollar las siguientes capacidades: capilaridad basada en la presencia territorial en casi toda América Latina, lo que permite aplicar los objetivos y metas en los planos nacionales, estaduales y locales; innovación en la promoción de procesos colaborativos que reúnen estrategias innovadoras en lo social, en lo tecnológico y en la economía; y articulación de los diversos referentes y protagonistas de los ámbitos público y privado para que juntos agreguen valor a la sostenibilidad de América Latina, tal cual aspira ONU al definir los 17 ODS.

Alinear el impacto de la Fundación Avina a los ODS permitirá enriquecer los procesos de implementación de las metas desde las siguientes iniciativas:

  • Valor agregado: acompañar de manera integrada procesos colaborativos que sirvan para aplicar las metas de los ODS en Latinoamérica y para que los aprendizajes puedan escalarse a nivel global.
  • Información y asesoría técnica: apoyar la conformación de una plataforma Latinoamericana para el intercambio de experiencias, registro de buenas prácticas e intercambio de experiencias innovadoras relacionadas a la implementación de los 17 ODS.
  • Monitoreo y evaluación: promover la constitución de un Observatorio de accountability de los ODS para el diálogo global.

Estamos convencidos de que en Latinoamérica la participación de la Fundación Avina puede ayudar a convertir a los ODS en una plataforma regional de alcance global de colaboración que promueva sinergias y mejoras en los indicadores socio-ambientales, disminuyendo las brechas de equidad y aumentando las oportunidades para las generaciones actuales y futuras.

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