COMUNICACIóN, MARKETING E INFANCIA. UNA REFLEXIóN ACERCA DEL DíA DEL NIñO

2 de Septiembre, 2012

Comunicación, Marketing e Infancia. Una reflexión acerca del Día del Niño

La construcción del imaginario sociocultural y político sobre la niñez y adolescencia es un terreno en construcción y deconstrucción, con diversas valoraciones, miradas, percepciones y abordajes propios de generar las características, identidades, rasgos y lecturas sobre la diversidad de culturas de niñez y adolescencia en determinados territorios y espacios.

Esta mirada y valoración de cada sociedad y colectivo sobre sus diferentes infancias nos permitirá también generar indicadores sobre el respeto a los derechos humanos del niño, es decir cómo la sociedad protege y aborda a la sus niños, niñas y adolescentes.

Una sociedad respetuosa de los derechos fundamentales provee libertad y dignidad a la niñez y crea condiciones en las que pueda desarrollar todas sus capacidades y potencialidades.
 
Hace 200 años  las representaciones sobre infancia y niñez eran mínimas, limitadas a pinturas y dibujos de sujetos mínimos, muchas veces valorados como objetos, es decir invisibilizados, limitados a imaginarios generales, a la idea de un niño bien en una familia nuclear condicionada a convivir en una sociedad adulta, sin voz, ni voto.
 
Pero esa imagen ha cambiado, se ha modificado, se ha replanteado luego de colocar en agenda los derechos humanos, de precisar los derechos de la mujer, y de replantear la cultura de la niñez y adolescencia en el mundo, después de la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño al finalizar la década de los 80, que reconfigura el imaginario, las relaciones, los roles de los garantes: estado, sociedad civil, empresas; de revisar y reformar los marcos normativos, las mismas instituciones (escuela, justicia, seguridad, familia), y presentar a un sujeto social de derechos con voz y opinión.
 
En esta reconfiguración es clave la revisión del rol de la comunicación y sus diferentes actores y operadores, en los diferentes ámbitos y sectores, y sus complejidades mismas, de ser considerado un instrumento de persuasión de masas hasta ser considerado como mecanismo de discusión de poder y de construcción de agendas, de sujetos y de modas.
 
Si revisamos la reconfiguración de los roles de socialización, encontraremos que la familia tradicional ha pasado a diversificar sus estructuras, así como también encontraremos que encontramos limitados espacios públicos para la recreación de los mismos niños, niñas y adolescentes;  así como se mantiene el rol de la escuela como espacio de control social, pero encontramos a un actor potenciado en su rol de socializador, los medios de comunicación, sumado a la red de redes.  
 
En esta arena las formas y mecanismos de abordar la socialización de la niñez y adolescencia también condicionarán cómo se representa las diversas infancias. Es decir cómo producimos y generamos roles, perfiles, identidades y prácticas desde los espacios de socialización, amplificados por los medios de comunicación.  
 
En este sentido, es clave preguntarnos cómo se aborda la imagen y representaciones de la niñez y adolescencia, ¿Como sujeto de derechos?, ¿Como consumidor priorizado?, ¿De qué manera se construirán necesidades?, ¿Cómo los medios retratan a la niñez y adolescencia?, ¿Cómo se aborda a la niñez y adolescencia?  
 
Es una gran oportunidad para reflexionar y preguntarnos cómo desde nuestras familias, desde nuestros emprendimientos y empresas, desde los mismos medios de comunicación, abordamos, construimos y protegemos los derechos de los niños, niñas y adolescentes, claro está que es una tarea que nos compromete.
 

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PARA PENSAR

Desde el 2001, el Estado multiplicó los programas sociales, que, sólo en el caso del plan Asignación Universal por Hijo y la entrega de jubilaciones a quienes no tenían aportes, alcanzan hoy a más de 5,5 millones de personas.Sin embargo, este aumento del presupuesto social no ha conseguido que deje de persistir un núcleo duro de pobreza, que está entre el 20 y el 25% de la población.

Diario La Nación - Enero 2012