CAMINA CON LAS MANOS, QUEDó SOLA Y PIDE COMIDA EN LA CALLE

27 de Julio, 2015

Camina con las manos, quedó sola y pide comida en la calle

Ramona Delgado vive en Villa Poujade de Posadas, sufre discapacidad motriz y es conocida en la ciudad. Sus manos le permiten trasladarse hasta alguna esquina del centro, donde pide monedas y ofrece estampitas de santos. Necesita alimento y ropa.
“Me ayudan extraños, en mi casa y en el centro. No tengo familia, los que me ayudan son desconocidos” contó.

 Ramona ofrece estampitas en las esquinas céntricas. | Foto: Carolina Ozuna.

Su presencia en las veredas céntricas de la ciudad de Posadas no pasa de inadvertida, ya que en las calles del microcentro peatones la ven desplazarse con su único medio de movilidad: sus manos, que le permiten llegar hasta esa esquina, donde pide monedas y ofrece estampitas de santos para vivir.

Se llama Ramona Delgado (58), es posadeña, vecina de Villa Poujade y padece deficiencia motriz. La mujer hace más de quince años recorre el casco urbano, pero en los últimos tiempos su andar se vio afectado por el deterioro de su salud y la falta de asistencia.

“Me ayudan extraños, en mi casa y en el centro. No tengo familia, los que me ayudan son desconocidos”, contó.

A su difícil situación por su discapacidad, se suman las afecciones en su salud como producto de su andar diario, “ya casi no puedo venir al centro, porque no ando bien. Tengo dolores, vengo cuando puedo”, lamentó.

Sin la venta callejera, empeora su calidad de vida, ya que sólo cobra una pensión de Pami y por ello necesita la ayuda de los peatones. En el centro ofrece las estampitas, justo enfrente a un supermercado. Sentada en la vereda, “Ramonita” -como la llaman afectuosamente comerciantes de la zona- dijo que no necesita una silla de rueda sino más bien “algo para comer: pan y leche”.

Aunque se sienta débil por la falta de alimentación saludable, día por medio asiste a la esquina de Córdoba y Ayacucho que ya se volvió su hogar. “Tengo que venir. Acá la gente me ayuda”, expresó.

Ofrece las imágenes que son la fuente de ingreso. Las cuida como tesoros, las guarda cuidadosamente en un bolso gastado que cuelga de su cuello y que en uno de sus cierres tiene un llavero con forma de cruz. “Este -en referencia al llavero- es el Espíritu Santo”, dijo. Acomodó el bolso y se dispuso a seguir su camino.

El peligro de las calles

El andar de Ramonita por las calles se dificulta con los vehículos y la aglomeración de peatones. Por ello, para ser distinguida usa un chaleco de color naranja, que le permite desplazarse con mayor confianza por la ciudad.

Aunque el miedo por los vehículos que cruzan a su alrededor no cesa, dijo “no te ven los autos y yo voy lento. Por eso ando siempre por el mismo camino. Ya me acostumbré a andar así, tengo que cuidarme de los autos y cruzar en los semáforos. Son años que ya llevo así”, relató.

Quienes la cruzan en el centro ven que Ramona, para moverse, hace reiterados giros con su cuerpo, que son posibles mediante el uso de sus manos. Así, cada martes, jueves y sábados, lentamente, llega hasta el frente de un local comercial donde algunos le dan dinero y con eso compra lo que hace falta.

“Estoy enferma y no puedo venir todos los días” dijo refiriéndose al centro. “Mi casa queda lejos y cuesta subir al colectivo, pero no quiero silla de rueda, mejor necesito leche y pan”, repitió mientras una mujer le dio una moneda.

Sonriente le dijo gracias y explicó: “Me quisieron dar una silla de ruedas pero no quiero, es difícil para manejarme en el centro: es muy pesada y no puedo subir al colectivo. Para mí es mejor andar así”.

De todas formas, agradeció el gesto de la gente y resaltó: “Me ayudan, no puedo quejarme. Hay gente buena, ya me conocen y me dicen: ‘Eh Ramonita, cómo está, cómo anda’. Yo no les pido plata, la colaboración es a voluntad, por eso me ayudan”.

 

Fuente: TerritorioDigital.

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