'NOS EMOCIONA ESCUCHAR A LOS CHICOS HACIENDO PLANES A FUTURO'

1 de Septiembre, 2015

'Nos emociona escuchar a los chicos haciendo planes a futuro'

Tres niños que vivían en el Refugio y hace un año están en la Fundación Tupá Rendá están terminando el 7° grado.
Uno quiere ser futbolista, juega al fútbol en el club Brown de Posadas, categoría 2002 El otro quiere estudiar en Línea Cuchilla, escuela técnica con internado.

 “Cuando vinieron de El Refugio -en abril de 2014, tras el cierre de este hogar de niños judicializados, estos chicos llegaron al Hogar San José Obrero (HSJO) con una bolsita con dos ropas y algunos ni siquiera tenían documento, llevaban siete años viviendo en este hogar y no tenían expediente judicial iniciado para poder ser adoptados. 

Hoy tres están terminando la primaria y ya planean su futuro, y ellos mismos nos dicen qué quieren seguir estudiando”, señalaron emocionados Eusebia “Neni” Valdez y Cecilia Fernández Díaz, del Consejo de Administración de la Fundación Tupá Rendá, y José Luis Benedict, quien desde julio es coordinador operativo de esta ONG creada hace tres años por el Padre Alberto Barros.

En la jornada del 17 del mes pasado, este equipo de trabajadores estuvieron en Candelaria inaugurando “La Casa de Don Carlos” donde un matrimonio brindará clases de apoyo y merienda a los niños del barrio 8 de Octubre.

En diálogo con PRIMERA EDICIÓN Valdez destacó que uno de los chicos del Hogar juega al fútbol en el club Brown de Posadas, categoría 2002.

“No falta a ningún entrenamiento y en un torneo interregional realizado en el club Crucero del Norte ganó el premio al Mejor Jugador. Así que si alguien sabe cómo conectarnos con un club que le haga la prueba y pueda ir a un club donde tenga pensión y escuela, lo vamos a acompañar y él seguro va a llegar porque tiene unas ganas tremendas. Quién dice que el día de mañana no le estaremos pidiendo autógrafos”, indicó.

Según relataron, otro chico les manifestó su deseo de seguir la secundaria en el Instituto Línea Cuchilla. “Él mismo se acercó y me dijo que no se quiere quedar en Posadas porque sabe que acá está la ‘mala junta’, y por eso quiere ir al Línea Cuchilla -una escuela técnica con internado”, señaló Benedict. 

“Quiere estudiar una carrera, recibirse, tener un trabajo, tener su casa y poder reunir a todos sus hermanos que están en distintos hogares. Tiene el sueño de reconstruir su familia y que lo plantee el mismo, es algo hermoso”, agregó.

Junto a su esposa, Benedict está en proceso de adopción de un niño del San José Obrero que tiene 11 años. Es poco común que alguien adopte a niños grandes porque la gran mayoría de los padres que quieren adoptar buscan a bebés o niños hasta dos años.

Un pie en Candelaria

En la tarde del 17 de Agosto la Fundación consolidó su primer paso en Candelaria, ciudad donde muchos niños también sufren carencias materiales y afectivas y no tiene oportunidades de exclusión.

“La llamamos La Casa de Don Carlos. Allí los niños van a recibir apoyo escolar y a la mañana tomarán su desayuno y a la tarde, la merienda”, describió Valdez.

A cargo de estas tareas estará Fabricio, quien fue cuidador en los hogares de Posadas, y su esposa. Ambos residirán en la casa otorgada en comodato por un hombre que ya no vive en Misiones, pero que hace algunos años realizaba tareas solidarias y de contención con los niños de barrios muy carenciados de Candelaria.

“Van a trabajar con unos diez chicos por turno, y también de algún modo van a poder detectar potenciales habitantes de nuestros hogares, porque hablamos de niños de gran vulnerabilidad social, sufriendo abuso, violencia familiar”, dijo Valdez, mencionando que en frente de la casa ya han localizado una madre con diez hijos de los cuales ninguno asiste a la escuela.

La inauguración de esta casa fue “el primer escaloncito” de este nuevo proyecto ya que en una segunda instancia están buscando acondicionar el comedor de Doña Pila, una referente del barrio 8 de Octubre.

“Se va a acondicionar su cocina y Fabricio, que es Maestro de Cocina va a enseñar a las madres a cocinar a preparar nuevas recetas más nutritivas, para enriquecer la alimentación de sus hijos que hoy por hoy viven a reviro y chipa cuerito”, agregó.

Por su parte la esposa de Fabricio que es ceramista, dará talleres de cerámica y vitrofusión a las madres, para que puedan aprender a fabricar y vender en La Saladita de Candelaria o en la Feria Franca.

Pensar en un futuro

En las cosas más simples y cotidianas estos voluntarios observan los grandes cambios que en menos de un año y medio han logrado en el trabajo con los niños que llegaron de El Refugio.

En aquel entonces -abril de 2014- eran quince los chicos judicializados con edades de uno a catorce años. Cinco de ellos, todos hermanitos, fueron adoptados el año pasado por un matrimonio de Buenos Aires.

A los que aún quedan con la Fundación, se han sumado otros niños que por orden judicial fueron separados de sus familias ya que sufrían distintas situaciones de maltrato y abuso.

“Yo los recibí la primera noche que vinieron de El Refugio y recuerdo que se tomaron seis jarras de jugo y comieron lo que apareció en la mesa”, señaló Benedict quien entonces era encargado del Mugica, que hasta ese momento era solo hogar de noche.

Los niños daban cuenta de una clara situación de carencias de todo tipo y entonces su única prioridad era mantenerse a salvo y poder comer alguna cosa. No tenían contención, ninguna seguridad ni perspectiva de futuro.

Hoy sus condiciones se han modificado muy favorablemente. “Hoy comen tranquilos y ya pueden pensar en mañana, el año que viene, en estudiar, en sus sueños. Antes no podían planear nada, su prioridad era poder comer aunque sea un pedazo de pan”, agregó. Benedict, activo participante de Cáritas Diocesana hace varios años, se vinculó a la Fundación desde los primeros momentos, cuando fue convocado pos el padre Barros para oficiar de guarda los fines de semana.

Programa de tutores y padrinos

Los quince niños que viven en el HSJO -que funciona en una casona de calle Ángel Acuña 953- tienen desde dos a 14 años, cuentan con tutores o padrinos. “El acompañamiento es más allá de lo material, es afectivo. Están felices y eso lo vemos en sus gestos”, destacó Fernández Díaz, quien es tutora de una niña.

Todos van a la escuela Stella Maris y una niña asiste a la escuela especial Pequeño Hogar.

“Ser tutor es estar presentes en lo que ellos necesitan, con los más chiquitos uno es el padrino, es como ser un poquito el papá o la mamá, los llevamos a pasear, les festejamos sus cumpleaños, pueden tener un referente con quien hablar. Y los que están yendo a la escuela, los tutores van a las reuniones de padres, los acompañan también en este aspecto”, agregó. Todos destacaron que “mejoraron un montón en la escuela” y que el año pasado “había niños con ocho años que ni siquiera conocían las vocales”.

“Es mi casa”

Este bienestar se puede apreciar en los niños que con sus risas y juegos alegran la casona donde funciona el hogar y a la cual llaman “mi casa”.

La casa es de ladrillo a la vista. Es de grandes dimensiones. En el cuerpo principal están las habitaciones de las niñas y también está una amplia cocina y una sala común donde pueden ver televisión.

Detrás hay un gran patio con césped y plantas y un quincho donde cocinan los días en que el buen tiempo lo permite. Junto a él se encuentra el ala de las habitaciones de los niños que son desde dos años hasta 14 y tienen su propio baño.

Todos los niños colaboran con las tareas domésticas. En turnos de doce horas están presentes los guardas y son siempre un hombre y una mujer, según señaló Benedict. Todos perciben una remuneración por esta tarea.

Tres años de trabajo

“Es como un barco con muchos remos, cada uno maneja un remo y gracias a Dios, el barco es cada vez más grande, con más voluntarios y siempre avanzando hacia un horizonte común que es una sociedad sin excluidos”, destacó Valdez.

“Empezamos hace tres años -la fecha fundacional es del 4 de agosto- con cinco camas y dos colchones, acompañando y ayudando a Rogelio Peralta que por iniciativa del Padre Alberto Barros se hizo cargo de administrar el HSJO (para adultos en situación de calle que entonces funcionaba en la casona de Troazzi 1036 de Villa Sarita)”, agregó.

Desde julio de este año, Benedict ha asumido el cargo de coordinador operativo de hogares, en reemplazo de Peralta quien continuará su trabajo como misionero en África, continente en que estuvo hace ya unos años.

“Entre los voluntarios tenemos abuelitas que todos los meses traen una bolsita de provista, y gente que viene a ayudar a limpiar, hasta abogados especializados que nos están ayudando con el tema de las adopciones”, señalaron con orgullo.

“Miramos para atrás y realmente agradecemos la bendición de Dios, es evidente que la mano de Él está ahí, ya hay cinco hermanitos que tiene una familia, otros dos en camino de adopción, 32 que se insertaron o revincularon con sus familias y yo creo que todo esto es un milagro”, señaló Valdez emocionada.

En 2012, siguiendo la misma línea de hogares de noche, abrieron el Hogar Padre Mugica para niños en situación de calle. “Fue como una persona que está aprendiendo a nadar, cuando el Señor vio nuestras limitaciones, nos dio una mano y apareció lo de El Refugio -por orden judicial y en respuesta al estado de abandono de esa institución, el mismo fue cerrado y los niños trasladados a otros hogares, entre ellos los de Tupá Rendá- tuvimos que dar respuesta a esa coyuntura, y entonces en abril de 2014 tomamos el rumbo de pasar de hogares nocturnos a hogares convivenciales”, recordó Valdez.

Otro de los proyectos iniciados en 2014 fue la guardería Papa Francisco, que funciona sobre calle Pedernera, a metros del HSJO. Está abierto por la mañana hasta las 13 horas y atiende a doce niños desde bebés a dos años.

“El objetivo es posibilitar a las mamás que trabajan en casas de familia tener un lugar donde dejar a sus hijos sabiendo que están bien cuidados, y de ese modo poder continuar con sus trabajos”, señalaron. En principio funciona en un solo turno y esperan poder ampliarlo a turno tarde.

Fuente: PrimeraEdición.

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